La tierra necesita del cielo para ser férti ( la lluvia y el sol ) y las dos forman una pareja fundamental. Este matrimonio no solo origina la multiplicidad de dioses y seres intermedios, sino que además da un ejemplo de proliferación a divinidades y a héroes. La Tierra como madre universal , con esta gran matríz, la encontramos casi en todas las mitologias, como la pareja promogénia
.La ” diosa madre ” reinó como divinidad principal hasta que se la ” casó con el cielo ” quien obtuvo el protagonismo , como corresponde a una sociedad patriarcal. El culto a la ” diosa tierra ” fue habitual en el neolítico e incluso en la edad del bronce principalmente en la isla de Creta. Luego la desplazaron las divinidades del cielo masculinas – Zeus, Neptuno, Urano,, alrededor de los cuales se desarrolla el panteón clásico.
La sucesión de las estaciones significa que aquel matrimonio se renueva periódicamente y que es necesario contribuir a que continue sucediendo mediante ritus y observancias diversas. Antropólogos y prehistoriadores suelen coincidir en considerar el desenvolvimiento de la agricultura como una actividad complementaria de la caza, al menos en su comienzo. La caza era una actividad propia de los hombres y la agricultura como una actividad de las mujeres. Esta vinculación femenina a los trabajos del campo, más el parecido analógico del cuerpo de la mujer con la tierra, en donde siembra para que de frutos, explican las mitologías relacionadas con las divinidades agrarias que siempre son mujeres.
La tierra está aquí , la podemos tocar e incluso transformar. Es nuestra vivienda terrenal. Desde las grutas , las fuentes , las rocas y las montañas hasta la lluvia , truenos y relámpagos, el paisaje ofrece al hombre puntos neurólgicos donde la divinidad se muestra con especial fuerza y en donde las ofrenas y las peticiones hallan respuesta . Se llega así a configurar una auténtica geografia sagrada
La proliferación de centros de culto y de peregrinaje nace precisamente de la concreción topológica. Después viene la creación por el hombre de este espacio sagrado, mediante la construcción de un templo con sus medidas dadas por los dioses ( ver Libro III de Los Reyes 6, 1-36 ) y finalmente se concreta en objetos celestes: meteoritos, y en los objetos fabricados por el hombre que también utilizaron los dioses : flechas, espadas, escudos, lanzas..
La madre tierra es la raíz y el símbolo de la existencia. La tierra es amada como la mamá, porque nos nutre y alimenta. La tierra es de todos : personas, animales, plantas y minerales. ” La tierra es un don de Dios para todos sin exclusión y su uso / la naturaleza / representa para nosotros una responsabilidad para con los pobres, las generaciones futuras y la Humanidad…. El creyente reconoce en la naturaleza el maravilloso resultado de la intervención creadora de Dios, que el hombre puede utilizar responsablemente para satisfacer sus legítimas necesidades – materiales e inmateriales -, respetando el equilibrio inherente a la creación misma… La naturaleza es expresión de un proyecto de amor y de verdad . Ella nos precede y nos ha sido dada por Dios como ámbito de vida. Nos habla del Creador y de su amor a la Humanidad. Está destinada a encontrar la plenitud en Cristo al final de los tiempos… La naturaleza está a nuestra disposición , no como un ” montón de desechos esparcidos al azar ” , sino como un don del Creador que ha diseñado sus estructuras intrínsecas para que el hombre descubra las orientaciones que se deben seguir para guardala y cultivarla ” ( Gn,2. 15 ). ( Encíclica de Benedicto XVI ” Caritas in Veritate ” nº 48 ). Si reconocemos que La Tierra es madre generosa, generadora de toda la vida, entonces debemos darle el mismo respeto y veneración que profesamos a nuestras madres.
En la medida que nosotros estamos en armonia con ella, siempre nos protegerá y nos proporcionará los conocimientos precisos para nuestra perfección y su uso. La tierra no es sólo materia disponible a nuestro gusto, sino obra admirable del Creador y que lleva en sí una gramática que indica finalidad y criterios para un uso inteligente, no instrumental ni arbitrario.
En los últimos tiempos está muy cansada y en dolor permanente, y no tiene tiempo para restreñar sus heridas: cada vez que perforan mi corteza, que talan inmensos bosques, que ensucian rios y mares; cada bomba que arrojan, rompen mi estructura cristalina y causan daño a mis placas tectónicas. A veces tengo fiebre y necesito medicinas. Tiemblo, lloro y nadie me consuela. Pienso que los humanos ya no me quieren

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