El ” cielo ” es el símbolo más patente y asequible de la trascendencia. El cielo lo tenemos encima de nosotros pero no es tangible y sus fenómenos son difíciles de vaticinar. La simple contemplación del cielo ( firmamento) tiene algo de experiencia extraordinaria : en seguida transmite la idea de infinito, de inalcanzable; de ser algo que no tiene relación con el medio donde vive el hombre. Por tanto, en cierta forma, se siente abrumado y temeroso de lo que allí hay.
El cielo es el lugar donde se supone que habitan los dioses. Dentro del idiograma sumerio el concepto ” divinidad ” es el mismo que el que designa ” cielo “. Y entre los indoeuropeos el dios primordial es una divinidad que anida en el cielo ( el SOL ) . Sus manifestaciones pueden ser fruto de su acción directa o vehícularse a través de divinidades menores asociadas . Esto origina mitos y ritos conectados con el dios y con la necesidad de ganar o conservar su favor y gracia.
La hierogámia ( matrimonio sagrado ) del cielo , sobre todo en sus aspectos meteorológicos , con la tierra y sus diferentes aspectos, todos ellos ligados a la fecundidad, genera una serie de divinidades cada una con su pareja ( dios y diosa ) que dependen en último término de dioses superiores , los creadores, pero con todo poseen un poder considerables.
De esta forma los dioses se ” especializan ” con los diversos procesos naturales ( truenos, relámpagos, astros, volcanes, vientos, animales sagrados, montañas ) y van formando geneologias muchas veces complejas. Los dioses superiores tanto en la mitologia griega como en la romana son los siguientes :
ZEUS JUPITER CIBELES ( diosas)
POSEIDON NEPTUNO JUNO
HEFESTO VULCANO CERES
ARIES MARTE MINERVA
APOLO FEBO VENUS
HERMES MERCURIO DIANA
son los dioses que habitan por encima del Olimpo ( montaña sagrada de Grecia de más de 2.600 m. , cubierta de nieve y nubes ), donde situaban los griegos el imperio de los dioses y de los hèroes, que vivian aquí inmortales y felices bajo el gobierno del soberano Zeus. Los humanos pensaron en otros tiempos que las estrellas eran hogueras y que la Via Láctea era el espinazo de la noche.

No importa en qué parte de la Tierra vivamos, tenemos todos el mismo cielo en común. Este se nos presenta tan pronto rosado, blanquecino o de un delicado azul celeste, engalanado con nubes en forma de copos, deshechas en desgarrados jirones o potentamente inchadas. La variabilidad de esta imagen es tan grande que nunca se reproduce exactamente. Y los colores salen de una paleta tan rica, que nuestros pintores dirigen, una y otra vez, su mirada al cielo, para inspirarse en el colorido de una puesta. ¡ qué grande, maravilloso e inmenso es el cielo !.
Las coloraciones y formas que el cielo nos ofrece , tienen una propiedad común : que no pueden imitarse con los medios humanos.” Siempre que se intenta reproducirlas sobre un lienzo, un papel, madera o metal, se fracasa irremediablemente. Son obra de un maestro que dispone de medioa verdaderamente celestiales. Su pincel es la luz solar, y su lienzo es el voluble éter con sus nubes y el finísimo tejido del velo del polvo atmosférico : ningún artista dispone de ellos ” ( Theo Löbsack ).

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